Hace exactamente cincuenta años, la administración municipal -que atravesaba una crítica situación al borde la quiebra, que, inclusive declaró un paro de actividades- pidió ayuda al gobierno socialcristiano para salir del grave problema económico financiero en que había caído. Entre los pedidos concretos constó recursos para montar en nuestra ciudad la fábrica procesadora de basura para producir abono en beneficia de la agricultura.
Hay que anotar en la década de los años cuarenta del siglo pasado el Municipio disponía de grandes depósitos de basura en el sector oriental en los que depositaba la basura, la dejaba descomponer por algún tiempo y luego la vendía como abono. Obviamente que tal proceso era precario y sin tecnología; pero servía a los agricultores fue compraban aquella basura descompuesta, para mejorar el campo.
En la década de los años ochenta del siglo pasado, la administración municipal se interó por este asunto, a tal punto que autorizó al alcalde para que viajara a Francia a realizar observaciones sobre el tratamiento de la basura y la eventual adquisición de una planta procesadora; lamentablemente, todo quedó en informes y buenas intenciones.
En la actualidad, el Municipio deposita la basura de la ciudad en el relleno sanitario de Izamba, que ya ha comenzado a expulsar los lixiliados, altamente contaminantes, hacia la ladera y el río Culapachán.
Una vez más, volvemos a insistir -recogiendo criterios de algunas personas- la idea de que se analice, con el asesoramiento de técnicos en la materia, la posibilidad de emprender este proyecto de procesar, técnicamente, la basura para convertirla en abono orgánico. De esta manera se solucionaría varios problemas como la alta contaminación, la provisión de abono de buena calidad y a precios cómodos y la rentabilidad para el Municipio.
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