Los hechos delictuosos que, hace pocos días, se produjeron en la Universidad Central de Quito obligan a todos los ecuatorianos, sensatos y pacíficos, a rechazar, frontalmente, a los autores e instigadores que andan sueltos por las calles imponiendo el terror a base de sangre y fuego.
Quienes se dicen estudiantes -universitarios y secundarios- han actuado en esta jornada delincuencial que averguenza al país y a los establecimientos que afirman pertenecer. Estudiante es aquel joven que, con esfuerzo y con dedicación, trata de capacitarse en valores morales y humanos y en conocimientos científicos y técnicos para adquirir una profesión que le permita ser útil a la sociedad, a la familia y a él mismo. El estudiante no puede confundirse entre delincuentes de la peor calaña.
El "capitán" de esta horda es un elemento de una sinuosidad censurable en su vida "estudiantil". Da la idea de que es un individuo de alquiler que, igual, se presta para servir al gobierno o para atacarlo. Este "universitario" participó activamente junto al gobierno en el aleve y cobarde ataque, en manada, al Congreso Nacional en marzo del año 2.007, demostrando una valentía digna de mejor suerte. Hace algunas semanas este mismo "universitario" apareció echando piedras en una manifestación en contra del gobierno. Qué tipo, al mismo tiempo es servil de Correa y se torna enemigo a muerte de Correa.
Los últimos hechos en la Universidad Central han rebasado el límite de la tolerancia. Intento de asesinato al Rector Samaniego; lesiones a múltiples personajes universitarios; atentado contra la seguridad pública, terrorismo, son, entre otros, los delitos por los que deberá responder este hábil camaleón y sus secuaces.
En este caso tan grave las autoridades judiciales, a cuya orden están los implicados, tienen que actuar con estricta aplicación de la Ley penal. Hay pruebas más que suficientes para demostrar la acción delincuencial de los protagonistas. Las leguleyadas de los defensores deben ser desechadas. La pena debe ser tomando en cuenta serios agravantes. Esperamos que no surjan sorpresas para liberar a los delincuentes. Las autoridades universitarias deben acusar con toda entereza hasta conseguir el castigo previsto en la Ley. Es hora de sentar precedentes para detener esta ola creciente de delitos y de inseguridad. La Policía merece el respaldo en su actuación.
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