Gobierno de Transición / Gabriel Morales Villagómez

Columnistas, Opinión

 

El gobierno del Presidente Lenin Moreno pasará a la historia como un gobierno de transición, frágil y vulnerable, sin una ideología definida, sin un proyecto político y carente de respaldo social y ciudadano que le permitan tomar las decisiones más acertadas en el momento político en que  vive el país.

Luego de la consulta popular con la cual se trató de legitimar su presencia en el gobierno y recibir un espaldarazo del pueblo  en las urnas, gozó de una reserva política, con la que, por intermedio del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio se logró en algo cambiar el modelo de gobierno y la estructura  perversa de acumulación de poder y corrupción implantados por el correismo.

No se puede desconocer que superado el año y medio de gobierno se lograron avances importantes en la reconstrucción democrática e institucional del Ecuador y se restituyeron las libertades y garantías violentadas por un gobernante abusivo que por más de una década puso al país y a toda la administración del Estado al servicio de sus intereses personales y partidistas.

El presidente Moreno se sustentó en el poder, sobre la base de un inteligente manejo político coyuntural. Hizo bien al principio al tomar distancia con su antecesor y denunciar los actos de desgobierno y corrupción propiciados  por su antecesor.

No obstante los espacios de maniobra, el capital político y la imagen de un hombre humanista, democrático y de buenas intenciones, con los cuales  contaba al principio de su mandato y luego de la consulta popular, han sido vaciados por la ineficaz o casi nula lucha en contra de los responsables de tantos hechos de corrupción perpetrados por el entorno del ex presidente.

Aunque el Presidente Moreno quiera desprenderse de su pasado revolucionario, su génesis política está de alguna manera marcada, en la forma en como accedió al poder, está signada  por la Revolución Ciudadana. Sólo así se explicaría la falta de acciones contundentes para conjuntamente con la administración de justicia poner en la cárcel a tantos facinerosos y recuperar los dineros provenientes de la corrupción.

Su entorno de ministros, viceministros y secretarios de estado, está plagado de correistas, quintacolumnistas, camicaces que desde su espacio de poder,  del que siguen disfrutando, van mermando en silencio, poco a poco la credibilidad del actual presidente.

Tampoco le ayuda en su ejercicio gubernamental la Constitución del 2008, impuesta  por el correismo, la misma que no le dan un marco institucional, jurídico e ideológico para poder tomar las decisiones más adecuadas, pues por la presencia de funcionarios provenientes de los diferentes sectores productivos privados, parecería haber conformado un gobierno de centro-derecha, que contradictoriamente tiene que desenvolverse dentro de un modelo constitucional “económico, popular y solidario” de “izquierda”.

A estas alturas del gobierno sería importante, por el bien del país construir consensos, llamar a un diálogo nacional, para convocar a una asamblea constituyente que permita  reestructurar al Estado y superar esta crisis moral, social y política. (O)

 

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