Despilfarro y corrupción durante la revolución ciudadana /Mario Fernando Barona 

Columnistas, Opinión

 

 

Toda persona tiene que ser muy inteligente a la hora de manejar dinero; al ser el recurso que nos permite subsistir en medio de un sistema -que nos guste o no- se mueve en base a la compra – venta de muchos elementos, es fundamental entonces actuar con perspicacia y astucia con el fin de sacarle el mayor provecho. Y en eso la gente que vive muy limitada son precisamente quienes dan lecciones en este sentido, muchas veces se dan modos (ni ellos mismos saben cómo) para salir con una economía paupérrima, pero ‘como quiera’ salen.

Sí, hay que ser perspicaz y astuto, pero sobre todas las cosas maduro y responsable, porque el mayor riesgo de alguien que vive al límite y que de pronto por cualquier circunstancia (herencia, lotería, etc) llega a manejar millones, es que sin control despilfarre toda la fortuna tan rápido como cuando le cayó del cielo. Esas personas que nunca soñaron tener tantísimo dinero y que ahora lo tienen a raudales no saben qué hacer ni cómo manejarlo porque en medio de la vorágine de gastos piensan que este nunca se acabará; están absortos, con la baba caída y una sonrisa boba disfrutando de la orgía de la abundancia.

Eso mismo le pasó al gobierno de la Revolución Ciudadana. Al frente estuvo por diez años un personaje que jamás administró ni una tienda de la esquina. Todos ellos solo fueron verbo, teoría, ideas, no sabían en la práctica las ventajas y riesgos del mercado. Fue la época de mayor abundancia en la historia republicana del país con ingresos petroleros jamás imaginados, y no solo que los despilfarraron con obras con sobre precios -con tanta corrupción no falta razón para creerlo- sino que además nos endeudaron como tampoco nunca antes lo había estado el Ecuador. Es más, dejaron de lado el compromiso sagrado de velar por la patria y comenzaron a regalar la plata a diestra y siniestra, como haciendo alarde de… no sé ¿que son buenos administradores sería? Lo hicieron entregando conjuntos multifamiliares en Cuba (cuando acá hay un importante déficit habitacional) y ‘donaron’ el edificio de la UNASUR al norte de Quito en 47 millones de dólares, entre otros.

Con respecto a esta desafiante y grandilocuente edificación que ahora no sirve para nada (retrato del socialismo), el gobierno de Lenín Moreno con acierto ha anunciado que va a buscarle un nuevo destino; yo decía que cualquier cosa sería mejor que el uso inicial, pero… poner allí una universidad indígena, como que no calza con esa necesidad de integralidad y de convivir en diversidad que tanto hemos buscado, el sentido de inclusión se rompe y se vuelve a la odiosa marginación (acá los mestizos, allá los indígenas), además que no creo que el problema sea la falta de universidades y por tanto adecuar un edificio al apuro y a la fuerza, sino procurar la excelencia académica con las que hay. Hay que volver a replantearlo. (O)

Mail: mariofernandobarona@gmail.com

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