Amantes de Sumpa / Dr. Guillermo Bastidas Tello

Columnistas, Opinión

 

En mi nueva vida científica y durante los primeros pasos en la búsqueda compulsiva del AMOR VERDADERO, me trasladé con mi DIVINO ÁNGEL el fin de semana a Santa Elena, en dónde un amigo Taxista nos comentó sobre el nombre del Terminal Terrestre de SUMPA y las dos personas empiernados por la pasión y el amor cuestionado y prohibido.

La evidencia arqueológica más conocida de este sitio constituye el enterramiento formado por dos individuos jóvenes (hombre y mujer) depositados en posición flexionada y con los brazos entrelazados. Sobre los esqueletos se encontraron varias piedras ubicadas en diferentes lugares de los cuerpos, como si se tratara de las evidencias de un acto de lapidamiento o de algún rito funerario.

Ambos tenían entre 20 a 25 años de edad al momento de su muerte, y mantienen una posición aparentemente amorosa por lo cual reciben el nombre de Amantes de Sumpa, donde el hombre mantiene su mano derecha sobre la cintura de mujer y la termina de enroscar con su pierna derecha, la que descansa sobre su pelvis, ella, en cambio, cubre su cabeza y parece buscar en él un refugio, por lo que se cree que probablemente murieron apedreados, sin embargo no se tiene razón del porqué de sus posiciones ya que es un entierro poco común entre dos jóvenes con seis piedras grandes encima de sus cadáveres.

En este ambiente nació un joven plebeyo, cinco años después, nace una bella sumpeña de clase matriarca, a quien se la tenía que respetar por su clase. Pasados los años los jóvenes se conocieron y frecuentaban a escondidas, dado que por sus distintas clases sociales estaba prohibido cualquier de acercamiento entre ellos.

Un día su amor verdadero es descubierto y el padre de la princesa junto al jefe de la tribu , lo enviaron a trabajar a los altos de los cerros para separar ese amor que según muchos no podía ser; al suceder esto la princesa enfermó , no comía ni dormía, y solo ofrendaba sus lágrimas a su dios sol, esperando el retorno de su amado; por lo que un día se fugó para ir a buscar a su amor, como no conocía , terminó perdiéndose.

El joven fue traído de vuelta para ver si de esta manera la princesa regresaba, comenzaron a buscarla y un día encontraron el cuerpo de la doncella agonizante; ella en ese momento, solo miraba al cielo y decía el nombre de su amado, como última palabra antes de morir.

Cuando el joven la vio muerta pidió ser enterrado vivo junto a ella, ante la atónita mirada del pueblo ahí presente. Los padres de la princesa conmovidos no atinaban que hacer, por lo que el jefe de tribu tomo acción, éste conversa con el joven Sumpa, quien le ratifica su deseo para que nunca más se prohíba el amor entre plebeyos y la clase social alta. Se cumple finalmente lo solicitado por el joven.

Se colocó junto a ella, cogió sus brazos y los puso sobre su cabeza para sentirlos acariciado su cabellera, los ojos de ella en dirección a su corazón, pues este morirá palpitando por ella; con la pierna derecha, cubre la pierna izquierda de ella para trasmitirle su amor infinito, y su mano bordea su cintura para dar el eterno abrazo con que partirá gustoso. Ahora si estaría para siempre junto su mujer amada. Sobre sus cuerpos ponen las hojas y maderos, luego las conchas y por último las pesadas piedras para que sus almas no escapen y sigan juntos como lo habían deseado; después, terminaron echando tierra sobre sus cuerpos, pero no sobre el amor de estos sumpeños que vivirá por siempre y dejándonos como legado la más grande historia de amor de estas tierras, que ha sobrevivido doce mil años y que hoy conocemos como los amantes de Sumpa. (O)

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