El bautismo del cristiano / P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión


Hoy nuestra Iglesia celebra una fiesta muy singular. «El sumergí· miento «(eso quiere decir bautismo) de Cristo en las aguas del Jordán. Es un hecho muy importante y significativo en la vida de Cristo porque a partir de esta circunstancia histórica, Jesús es proclamado por su Padre como Mesías, el Ungido, el Salvador. Este hecho se constituye en la presentación «oficial» de Cristo en lo que se refiere a su identidad de Mesías y su misión específica: traer la buena nueva de Salvación a todos los hombres. Es la presentación de Jesús en su ser de Mesías y en su misión de Salvador de todos los hombres: «Mirad a mi siervo a quien sostengo, mi elegido a quien prefiero, sobre Él he puesto mi espíritu para que traiga el derecho… para que abra los ojos, libere a los cautivos…». Es un hecho muy singular, por- que no se «debía haber dado», pues el sumergirse en el Jordán era un rito cultual de una secta muy austera con el cual recordaban su identi- dad como pueblo de Dios y manifestaban públicamente su espera, en la purificación y penitencia, de la venida del Salvador, del Mesías,

Cristo el Señor.

Estos hechos, bíblicamente asegurados, hacen que nosotros no identifiquemos nuestro bautismo con el de Jesús, como hacen muchas sectas evangélicas, creando confusión y sembrando error en el corazón de los cristianos.

Una oportunidad para reflexionar sobre nuestro bautismo

Debemos partir aceptando que el bautismo es un don de fe que Dios hace a los hombres. Es un regalo y por lo tanto se recibe de la gratuidad de Dios por el simple amor de Él. Es un regalo que tiene que ser aceptado, conocido y cuidado durante toda la vida.

Este don tiene su expresión histórica cuando se traduce en una lla-mada de párte de la voluntad amorosa de Dios a ser sus hijos, a pertenecer a su familia, la Iglesia. como miembros activos, responsa- bles que viven la comunién y la partic.ipación, exigencia de la perte-

nencia a Dios y asuIglesia.

El bautismo cristiano aparece como un compromiso de una vida nueva. de una identidad propia y de un estilo de vida diferente enmar- cado en el cumplimiento de la ley de Dios de «amarlo a Él con toda nuestra alma, nuestro ser y nuestras fuerzas, y al prójimo como a

nosotros mismosH .

El bautismo, sacramento de la Iglesia, imprime un carácter espe- cial que es imborrable. Una sola vez se nace hijo de Dios, una sola vez se nace hijo de la Iglesia, familia de Dios. Uno solo es el punro de partida para consntuirnos en «profetas, sacerdotes y reyes» en el mundo de hoy…

Estas dimensiones del bautismo nos obligan a rechazar todas las otras ideas como erróneas. No es la comprensión, el conocimiento y el ser adulto lo que nos lleva a «escoger» el bautismo, porque la elección no parte de nosotros, sino de Dios, quien «elige y escoge».

Es1as dimensiones del bautismo cristiano hacen que no pensemos que la responsabilidad de la salvación y del Evangelio recae sola· mente en las personas consagradas, pues por el bautismo todos tene- mos el compromiso de anunciar el Evangelio allí donde fuimos lla- mados a vivir y a servir.

Nuestro compromiso

Así como el sumergirse de Cristo en el Jordán le concedió identidad y le se.ñaJó una misión específica, así también, gracias al bautismo recibido, nosotros podemos conocer «quiénes somos» (hijos de Dios y miembros de la Iglesia-familia de Dios) y «qué tenemos que hacer» (servidores de la salvacíén y del Evangelio de Jesús en favor de los hombres de nuestro tiempo y de nuestro lugar), vi, iendo nuestro ser de prcfeus, sacérdcresy reyes (liturgia bautismal). (O)

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