Para quemar con el año viejo. 2018 / Pedro Reino

Columnistas, Opinión


Quemamos los trapos y el alma sigue intacta de los muy vivos. ¿Qué iremos a quemar en este año? ¿Valdrá quemar turbas adoctrinadas? No. Nuestra costumbre es quemar de uno en uno a quienes nos han sido adversos por un año. Pero sucede que los años viejos en este país nos salen y se nos regresan cuando les da la gana desde las ultratumbas. Vuelven con la misión de   dirigir nuestros destinos, como les  viene en gana. Los hemos visto estornudando nuevas larvas sobre la Patria enferma en medio de los aplausos  de los murciélagos que cuidan sus catatumbas. Resulta que somos un país de cuento donde los muertos gobiernan  pueblos de calaveras huecas.

Los hemos visto en vivo y en  directo, y hasta por televisión, sacudiéndose los gusanos de sus condecoradas calaveras, enderezándose las mandíbulas proféticas, relamiéndose las polillas de sus glorias pasadas, recogiendo frases sueltas de los sermones con que fueron enterrados, y pregonando con sus voces de terror sus experiencias en el purgatorio, diciéndonos lo que tenemos que rectificar para que ellos puedan pasar a sus paraísos oficiales a descansar en paz. ¿Recuerdan cómo nos muestran sus blancas dentaduras? ¡Qué dulce magia que tiene su sonrisa de gozo!

¿Qué irán a quemar las turbas adoctrinadas? Yo, de lo que he visto, solo sabemos quemar monigotes, o sea cuerpos sin nada de alma, parapetos que ni siquiera los hacen con tripas donde golpea el hambre y los paquetazos. Fantasmas con caretas que por dentro tienen cosidas hasta la boca para que no puedan vomitar los trapos de la pobreza que fomentan. Si no se entiende la incineración de un Año Viejo, si ni siquiera se entiende lo que es una metáfora en el mundo de las impotencias, mejor que no gasten en caretas ni en gasolina, ni anden recogiendo sus calzones usados. Mejor que guarden a sus ídolos  y los mantengan en algún lugar privilegiado de sus casas, rindiéndoles homenajes y pleitesía, y preguntando en Facebook si les gusta. Si hay momias que se han convertido en compañía de nuestra existencia, mejor reproducirlas para nuestra idolatría.

¿Qué queremos quemar? ¿Para qué queremos quemar? ¿Para divertirnos un rato? ¿Para patear un trapo? ¿Será que en el año nuevo queremos liberarnos de estos males? ¿Será que la misma careta de algún sujeto “despreciable” nos vaya a servir para el próximo año? ¿Qué clase de pasatiempo es este de los años viejos? ¿Quién tiene la culpa de tener tantos  personajes que deben ser quemados a fin de año? “Nosotros lo hemos permitido, nosotros les hemos dejado hacer, la culpa es nuestra. !Cuánta tinta no ha corrido por este país en estos doscientos años en constituciones y plebiscitos, en ordenanzas y decretos y leyes! Casi tanta como sangre ¿Y para qué? Para estar en donde estamos? ” (Fernando Vallejo, Peroratas, 2015) La cita viene al caso para muchos de nuestros países con turbas adoctrinadas y adoctrinables.  ¿Podemos llamar a esto democracia? ¿Será de creer en las elecciones y en las reelecciones si no se conoce el alma de cualquier candidato de la derecha o de la izquierda? ¿Necesitamos de shamanes o de sicólogos que nos alerten? Si no estudiamos política ¿Para qué nos sirve la educación masificante? ¿Dónde está nuestra memoria simple y nuestra memoria crítica? ¿La quemamos igual con la cabeza del monigote?

En vez de quemar al monigote, o después de haberlo hecho en año viejo, deberíamos enfrentarlo en persona, desde el primer día del año nuevo, con el reclamo justo, con la dignidad del hombre civilizado, con la rebeldía del que aborrece la injusticia, con la dignidad respaldada por la memoria, con la convicción de sentirse digno de una patria donde se extingan los monigotes y las momias chapuceras que nos gobiernan. (O)

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